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  • Enrique Silva

Tráfico en Monterrey, podemos hacer poco y colaborar mucho

Tenemos dos líneas funcionando saturadas y una tercera que para ser terminada y puesta a funcionar no depende de los regiomontanos sino del Gobierno Federal, al que por cierto parece no importarle o no tener los recursos para resolverlo.


Desde hace 10 años en Monterrey las vialidades se han colapsado. Todos los días el tráfico del área metropolitana empeora y pinta para seguir empeorando.


Sin tener ningún conocimiento al respecto y opinando como un simple ciudadano que padece todos los días el tráfico, puedo asegurar que este problema en Monterrey no tiene solución. Al menos no la tiene a corto plazo y menos si seguimos en la ruta en la que vamos.


Por un lado observamos que el parque vehicular crece diariamente. Lo hace porque los incentivos están puestos en que los ciudadanos optemos por preferir comprar un carro (nuevo o usado), para tener la posibilidad de movernos según nuestras necesidades.


Por otro lado el transporte público no alcanza a resolver el problema de movilidad interurbana. El trazo de las rutas, la antigüedad de las flotas de camiones, los precios de los pasajes son, entre otros, causas y consecuencias al mismo tiempo del problema de tráfico.

El metro, insuficiente en capacidad de mantenerse, inclusive en óptimas condiciones mecánicas, no llega a muchos puntos en los que duerme y trabaja el grueso de la población. Tenemos dos líneas funcionando saturadas y una tercera que para ser terminada y puesta a funcionar no depende de los regiomontanos sino del Gobierno Federal, al que por cierto parece no importarle o no tener los recursos para resolverlo.


Adicionalmente estamos los conductores que con poca o mala cultura vial circulamos apurados, sin respeto a las reglas de tránsito en calles estrechas, mal pavimentadas y sin señalamientos adecuados.


Finalmente están por supuesto las vialidades que han excedido, y por mucho, la capacidad para darle espacio a tantos vehiculos en circulación. Otra vez, el trazo de las calles y flujos vehiculares se contraponen unos con otros hasta provocar que diariamente se colapse.

Sin tener datos respecto a cuántos carros circulan diariamente, en qué sentido lo hacen, o en qué horarios, es muy fácil darnos cuenta que si seguimos así, el tráfico de Monterrey va a empeorar hasta el día que nosotros los ciudadanos decidamos hacer algo diferente.


Está claro que la respuesta no la van a dar ni los gobiernos municipales, ni el estatal y menos los transportistas concesionados. Los únicos que sí podemos hacer algo a corto plazo somos los ciudadanos.


Podemos hacer “car pool” hacia la escuela, el trabajo o a lo centros de entretenimiento. Podemos buscar la manera de trabajar lo más próximo posible a donde vivimos, podemos enviar a nuestros hijos a escuelas que estén próximas a nuestras casas. Inclusive podemos caminar para ir a las tiendas en donde hacemos nuestras compras. Hay instituciones y empresas, que tienen el servicio de transporte a sus lugares de trabajo desde un punto comunitario hacia sus instalaciones.


Lo más básico y cercano a nuestras posibilidades es seguir reglas de tránsito y reglas de ciudadanía básicas: ¿qué hace cuando escucha una ambulancia?, ¿le da el paso orillándose a la derecha o aprovecha para abrirse paso a costa de ella? Y cuando existe un atorón, ¿automáticamente se adhiere al uno y uno o busca a toda costa pasar primero?, ¿respeta los acotamientos que son en teoría una opción para que circulen los servicios de emergencia ante una contingencia? Estos son solo unos ejemplos de lo que vemos día con día en las calles y en los que, siguiendo las reglas (ya no de tránsito sino de sana convivencia).


Podemos tomar medidas personales inmediatas. Hagámoslo y admitamos que el problema no lo va a resolver el gobierno sin nuestra colaboración. Participemos en la solución. Podemos hacer poco y colaborar mucho.


Publicado originalmente en El financiero.

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