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  • Enrique Silva

¿Cambiar por cambiar?

Una campaña electoral es un proceso de venta, las frases y las ideas que se usan son las que suenan más “vendedoras” y se diseñan y usan para atraer votos.


Es muy común escuchar en las promesas de campaña la palabra cambio. Vamos a cambiar, las cosas van a cambiar, cambio, cambiemos, entre otras muchas maneras de hablar del cambio.


¿Para qué cambiar? ¿por qué tanta insistencia en el cambio? ¿a qué se refieren en realidad? La mayoría de los políticos que compiten en una elección ofrecen un mejor futuro a la ciudadanía.


El principal uso de la palabra es para prometer y hacer creer que las cosas que pasarán serán mejores bajo su cuidado. Que pasaremos de estar mal a estar mejor.


La tentación por venderse como la mejor alternativa (para el cambio), en capacidad y en inteligencia es altísima. Hay un público deseoso de ello. Desde la perspectiva de quien recibe la oferta es irresistible decir que no, ¿quién no quiere dejar atrás la incompetencia, la irresponsabilidad, la corrupción o cualquiera de los males de los que nos quejamos diariamente?


A la luz de los resultados de la elección de 2015, o de 2009 (hablando de gobiernos estatales), en los que la palabra fue de los más escrito y pronunciado, ¿qué cambió?, ¿qué de todo eso que deseábamos que fuera diferente, ya lo es?


Si nos detenemos a observar nuestro entorno cotidiano, nuestra colonia, nuestras calles y parques, los asuntos de inseguridad, o de servicios al ciudadano, ¿qué tanto de lo que motivó a la gente a votar por quien lo hizo se ha transformado? Entendemos que una campaña electoral es un proceso de venta, las frases y las ideas que se usan son las que suenan más “vendedoras” y se diseñan y usan para atraer votos.


¿Será que ya entramos en una era en la que se promete sin importar que éstas sean falsas o imposibles de realizar? Por lo general escuchamos a los candidatos proponer “grandes cambios que nos transformarán”. Es decir, se dice algo que suena bien pero que carece de significado y más, de intenciones reales.


Ya sea intencionalmente o no, se usa la propaganda política para dibujar “los cambios” y general opinión pública favorable. Si nos detenemos a observar veremos que efectivamente, ya no nos gobierna en Nuevo León un representante ni rojo ni azul; ahora es morado.


¿Somos tan cínicos o tan distraídos como para aceptar que cambiamos para seguir igual?, ¿que ahora cambiamos de partido o sin partido sólo por cambiar? La tarea de gobernar es muy seria. Los asuntos se apilan uno tras otro por complejidad o por falta de competencia para resolverlos.


Alcaldes van y alcaldes vienen y yo sigo pasando por los mismos baches. Los mismos.

Pasan los días y el mismo semáforo que no funcionaba hace tres años sigue sin funcionar, el tráfico sigue igual o peor y en general, todo lo que vivimos los ciudadanos en nuestra vida diaria sigue igual.


No debemos estar satisfechos con los resultados. Lo que antes eran felices y optimistas promesas ahora son falsas expectativas, o fracasos en el desempeño de quienes ganaron la elección.


En el futuro, en las próximas elecciones, seguramente la misma palabra sin significado tomará su lugar y conseguirá que alguien gane la elección. Antes de salir a votar debemos analizar qué queremos realmente. ¿Cambiar por cambiar? o transformarnos

Nuestra sociedad debe madurar y no admitir más esa oferta de venta. No es cierto que vamos a cambiar porque para que ocurra ello necesitamos voluntad política, madurez ciudadana, energía que exija, sinergia para colaborar, una visión en común y deseos reales de llegar a ella. Y un líder. Uno que nos impulse, entusiasme y provoque y un ciudadano que cuestione, exija y participe.


¿Cambiaremos?


Publicado originalmente en El financiero.

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